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BACHILLERATO, INFANTIL, PRIMARIA, SECUNDARIA, TODAS

EL ARTE DE DAR MIEDO

Un pasaje del terror convertido en toda una experiencia artística.

El alumnado de 1º de Bachillerato, como cada curso, fue el encargado de preparar el pasaje del terror que hizo las delicias —o llenó de pesadillas— de los más pequeños de la etapa de Secundaria durante la celebración de Halloween. 

Este año, además, contaron con la colaboración de los alumnos de Ciclo Formativo  para dar vida a una instalación artística y performativa que, como veremos, fue mucho más que un simple recorrido de sustos.

¿Es demasiado pretencioso llamar arte a un pasaje del terror? En absoluto. Como han podido estudiar los alumnos del colegio en el tema de Estética de la asignatura de Filosofía, toda experiencia artística puede analizarse a través de distintas categorías que nos permiten comprender cómo nace una obra, cómo se construye y cómo llega a quienes la contemplan. Y todas ellas están presentes en el proyecto que nuestro alumnado puso en marcha bajo la supervisión del Departamento de Idiomas.

En primer lugar, encontramos la mímesis, es decir, la imitación o representación de la realidad. ¿Estábamos acostumbrados a los clásicos escenarios de hospitales psiquiátricos, cementerios o cárceles tenebrosas? Este año, los alumnos quisieron sorprendernos con una propuesta mucho más cotidiana: una sala de cine. Eso sí, una sala abandonada… o quizá no tanto. En ella se proyectaron en bucle películas de terror como It y Smile, y los espacios habituales —la taquilla, la tienda de palomitas o las cortinas de entrada— se transforman en lugares inquietantes, cargados de amenazas y misterio. Porque, a veces, lo que mejor funciona para dar miedo es convertir lo familiar en algo extraño.

Pero ¿cómo transformar una idea en una experiencia real? Aquí entra en juego la segunda dimensión: la poiética, que hace referencia al proceso creativo mediante el cual una idea toma forma y se convierte en algo tangible. Y en esta fase ha brillado especialmente la creatividad de nuestros alumnos.

 Los vestuarios del polideportivo se han convertido en Cinema in Action, un espacio completamente transformado gracias a elementos tan sencillos como el papel continuo y las bolsas de basura. A este trabajo de diseño, cartelería y decoración se han sumado, el mismo día de Halloween, otras tareas imprescindibles: el vestuario, la peluquería y el maquillaje. El resultado fue un cine poblado por aterradoras presencias del pasado, dispuesto a recibir a sus visitantes.

Y llegamos al momento clave: el apate, la ilusión que nos invita a entrar en un universo imaginario y aceptar sus reglas, como sucede cuando participamos en un juego. A esta dimensión contribuyen, por supuesto, las interpretaciones de los actores, que dan vida a los personajes y convierten el espacio en una auténtica representación. Pero hay otro ingrediente fundamental: el entusiasmo del público. Los chicos y chicas de 1.º y 2.º de ESO recorrieron el pasaje dispuestos a dejarse embaucar, fascinar y entretener. Y, por supuesto, ¡a pasar mucho miedo!

La experiencia culmina con la catarsis. No hace falta que esta suponga una transformación profunda o trascendental. Basta con observar las caras de quienes salen del pasaje, escuchar sus risas, sus comentarios y sus exclamaciones, y descubrir en el alumnado de Bachillerato y Ciclo Formativo la satisfacción de haber conseguido su objetivo.

Y quizá esa sea la mejor recompensa de este proyecto: haber convertido unas cuantas ideas, mucho trabajo en equipo y materiales muy sencillos en una experiencia capaz de despertar emociones, provocar risas y dejar recuerdos. Porque el arte no solo resulta catártico para los que lo contemplan; también supone un acontecimiento transformador para aquellos que lo han hecho posible.

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